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¿Qué es la
revolución?
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Si
bien es cierto que a
través de los
verdaderos maestros
surgen y se expresan
evidencias
revolucionarias,
para un monje zen
es totalmente
indecente esconderse
detrás de un ideal
revolucionario.
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La
revolución que hará
del nuestro un mundo
más evolucionado no
puede consistir en
enfrentar negros
contra blancos,
buenos contra malos,
pobres contra ricos,
perseguidos contra
perseguidores... No
puede ser así, por
más que se trate de
los primeros síntomas.
La percepción
revolucionaria de un
monje zen es mucho más
profunda. Por
ejemplo, con
respecto a la
revolución
zapatista de Marcos,
el resultado es
evidente. ¿Cómo
alegrarse de tal fenómeno? Es fácil para un
intelectual detrás
de su periódico
tomar partido y
utilizar para su
propio cuerpo la
energía
revolucionaria de
esa pobre gente que
arriesga su vida
combatiendo. Y en
este fenómeno, la
juventud, lo que está
vivo, lo espontáneo,
corre el riesgo de
ser aplastado y
aniquilado.
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Desde
hace muchos años es
así en toda Sudamérica.
Es como destruir un
bosque para
construir una
autopista o un
aeropuerto. Lo peor
es que, aunque la
revolución triunfe,
rápidamente se
vuelve rígida como
el hielo. Los
cubanos se escapan
nadando hacia los
Estados Unidos. Hace
treinta años, Mao
Tse Tung proclamaba
haber ganado la
revolución, y hoy
el mundo entero
espera la revolución
de la revolución.
Si la revolución de
la revolución llega
a China, los chinos
podrán tomar Coca
Cola y tener
tarjetas de crédito.
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Entonces,
¿ qué actitud
tomar ?
¿ No podemos creer
en un mundo honesto
y libre en donde
cada uno se sienta
responsable ?
Carlos Castaneda
cuenta cómo Don
Juan fue enviado por
su maestro a
trabajar otra vez en
la hacienda en la
que había sido
explotado durante su
juventud, en donde
casi había perdido
la vida, en donde
los jóvenes indios
eran secuestrados
para ser sometidos a
la esclavitud. En
ningún momento hay
en Don Juan un
sentimiento de odio.
Sólo ser íntegro e
impecable consigo
mismo, sólo la práctica
interior a partir de
la cual los fenómenos
son aspirados como
en un torbellino.
Si queremos llevar a
cabo una revolución
tenemos que emplear
el arma mágica que
nadie puede atrapar
ni detener. Para
conseguir esta arma
hay que trabajar sin
descanso sobre sí
mismo. Pero no sólo
para sí mismo. Los
problemas que nos
planteamos sobre el
mundo no deben ser
abordados con un
estado de espíritu
ordinario sino con
el cuerpo entero,
con nuestra práctica
de zazen. El poder mágico
de zazen está más
allá de todo lo que
podamos controlar.
Cuestionar
las
propias concepciones
revolucionarias es
mucho más difícil
que apegarse a
ellas. Uno llega al
silencio, imposible
decir algo. Cuando
se cuestionan
sinceramente las
propias concepciones ya ni
siquiera se es
revolucionario, uno
mismo se convierte
en la revolución.
La revolución viva
y silenciosa.
Sentarse firmemente,
sin objetivo,
quedarse inmóvil.
Practicar zazen, kin
hin, sampai, las
tres posturas
fundamentales, y samú,
el trabajo cuya meta
no es el beneficio
personal sino el
bien de todos. No
pretender que se
comprende algo.
Dejar que espontáneamente
emerja la verdad y
la fuerza cósmica
de uno mismo, enseñar
la libertad profunda
y la actitud justa a
los demás, no para
hacer propaganda,
sino para ayudarlos
realmente y difundir
esta influencia para
que el mundo
evolucione. Pero el
mundo no evoluciona
en una dirección
conceptual. La
verdadera revolución
es la apertura de la
conciencia y la
responsabilización.
Simplemente este
silencio, esta
evolución llevará
al mundo entero
dentro del
torbellino, el
torbellino de las
cosas en su lugar,
porque la naturaleza
fundamental de todas
las cosas es
revolucionaria.
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prólogo
del libro "Zen,
la revolución
interior"
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