Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Domingo 12 de Enero de 2003

Controlar el cuerpo, especialmente en el dojo por supuesto, controlar los movimientos, esto se enseña en los templos. El Maestro Deshimaru nos lo ha enseñado como algo importante en el zen, algo importante en el descubrimiento de lo que somos y en la medida de lo que somos.

Nuestro ser, «yo soy», es un ensamblaje harto complejo de diferentes cosas. Como si, por ejemplo, un vaso de agua hiciera zazen y fuera llevado a descubrir en él su lado hidrógeno, su lado oxígeno, y eventualmente alguna polución añadida a la substancia de origen.

Entonces, justamente, descubrimos nuestra escritura química, biológica, quizá algo que todavía no tiene nombre. Hay cosas como el cuerpo, el espíritu, lo mental. Si toman a alguien en la calle y le dicen: «¿Sabe usted lo que es su cuerpo, su espíritu?», «Bueno, el cuerpo, sí, oh...». Sabe vagamente lo que piensa, pero cómo descubrir, controlar nuestro rostro original, nuestro ser eterno... La única cosa visible, tangible, comprensible que tenemos, es el lado objetivo de nosotros mismos, es decir, el cuerpo.

Aprendemos desde el comienzo en el zen a medir todo el resto a partir de este elemento. El cuerpo y los objetos toman importancia, los elevamos al rango de la espiritualidad, cuando en general en las religiones al cuerpo y a los objetos se los rechaza, se los considera como impuros. Finalmente, no tenemos ningún aprecio por nuestro espíritu porque es invisible, impalpable. Pero aprendiendo a medir punto por punto nuestro cuerpo, repitiendo la acción de zazen, terminaremos por poder repetir esta misma acción pero con el espíritu.

No sé si alguien conoce los movimientos en tres dimensiones en el ordenador, pero permitiría verdaderamente comprender esto. Por ejemplo, para simular un movimiento en tres dimensiones, se toma a una persona y se le ponen puntos de referencia en la cabeza, en la cara, en los hombros, en los brazos, en el torso, en las piernas. Luego, cuando la persona se mueva, sus referencias serán registradas por el ordenador, y luego podremos reproducir los movimientos exactos a partir de esas referencias. Bien, a mi manera de ver, el aprendizaje de zazen se asemeja por completo a esto. Es decir, las referencias son todos los puntos de la postura: la cabeza derecha, la columna vertebral bien recta, la pelvis basculada, las manos contra el vientre, los hombros relajados, los codos un poco separados del cuerpo, los pulgares horizontales... Todos esos hábitos que se adquieren con el cuerpo (sin cuerpo no podríamos imprimirlos en nuestro espíritu), todas esas referencias, en un momento dado, se vuelven algo más que materiales: se vuelven los puntos de referencia espirituales, absolutos, eternos. Y ahí es la salvación eterna. Podemos reencontrar el zazen en todas las dimensiones, en la vida, en la muerte, en el sueño, en la realidad, más allá del cuerpo.

Zazen, como dice el Maestro Dogen, no es más que el dharma de paz y de felicidad, de no miedo, el dharma real, del rey, de Dios, de Buda. No es cualquier cosa, es maravilloso.

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