Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Sábado 18 de Enero de 2003

Durante zazen, por el hecho de nuestra inmovilidad, el cuerpo, especialmente los latidos del corazón y la respiración, se calman. Tenemos menos aporte de sangre, igualmente del sistema nervioso, el metabolismo se calma y por tanto se vuelve más lento. No puede ser medible sino a partir de marcas. Por ejemplo la respiración, los latidos de nuestro corazón, son marcas que nos dan hasta inconscientemente una noción del tiempo. Como el tiempo se vuelve más lento, podemos explorar más tranquilamente todo el mecanismo de nuestro cuerpo-espíritu.

Podemos meticulosamente observar, si lo deseamos, todas las articulaciones del cuerpo, todos los músculos, aprovechando para desconectar los músculos que están tensos, aunque no los utilicemos. Como si nos paseáramos por un castillo y apagáramos las luces que están encendidas inútilmente. Entonces vamos a soltar ciertos músculos que funcionan sin saber por qué, porque no los utilizamos, en los hombros, los muslos , las articulaciones, las caderas, los pies, el cuello, hay muchas partes. En zazen no es necesario. En general los músculos externos no son necesarios durante zazen. Utilizamos un sistema muscular interno.

Igualmente tenemos la suerte de observar la respiración. Insisto simpre mucho sobre la respiración poque la respiración es el lugar entre el cuerpo y el espíritu. La respiración es entonces, para nosotros, una enseñanza, un descubrimiento esencial. Cuando hablamos de la respiración, no hablamos solamente del aire que entra y que sale de los pulmones sino de todos los movimientos internos y especialmente abdominales que engendra la inspiración y la expiración. Podríamos comparar estos movimientos internos de nuestros órganos a las olas de la superficie del océano. Evidentemente las olas de la superficie del océano están en relación con el viento. Si no hay viento, no hay olas. Es igual con los movimientos abdominales de nuestro cuerpo durante zazen y nuestra respiración.

Es un poco difícil enseñar las técnicas respiratorias aunque las hagamos para zazen. Es como querer reproducir el movimiento de las olas en el océano. Es imposible porque es un movimiento tan perfecto como aleatorio. La respiración ideal se parece al océano. Toda técnica es anti-natural. Ahí donde está el interés (dado que durante zazen estamos concentrados y conscientes) está la posibilidad de observar este movimiento que es nosotros mismos y finalmente observarlo, seguirlo sin modificarlo. Es ahí que ocurre el encuentro entre lo humano y lo divino.

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