Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Sábado 1 de Octubre de 2005

Los ojos posados en el suelo a 45 grados hacia abajo, más o menos a un metro frente a nosotros.

Entonces, para los debutantes es siempre un problema saber cómo deben observar. Y a veces están demasiado cerca de la pared y no pueden observar a un metro. Son preguntas que siempre se plantean los debutantes. Al principio, en zazen, tenemos lágrimas en los ojos, no estamos habituados a permanecer así inmóviles. Pero es necesario comprender que no son los ojos que ven, sino el cerebro. Los nervios ópticos van justo detrás del cerebro y en realidad es el cerebro que interpreta las cosas. Así como cuando tienen una cámara no pueden hacer una película solamente con la lente, para nosotros es la misma cosa, los ojos son solamente las lentes, pero no son ellos los que analizan, interpretan, registran la imagen.

Pero durante zazen, como lo hemos aprendido, no debemos activar el cerebro, no debemos hacer funcionar la cámara, no debemos observar, no debemos interpretar. Debemos desconectar los cinco sentidos: el gusto, el olfato, el tacto, el oido y también la conciencia, es decir el pensamiento. Durante zazen los cinco sentidos no deben tener una actividad consciente. El cerebro no interpreta más lo que ve, lo que oye, lo que experimenta, lo que siente a nivel de la nariz, lo que piensa. Olvidamos todo: yo me llamo así, asá; vivo en tal dirección. Olvidamos nuestras preocupaciones. Desconectamos todo eso de manera de poder percibir otras cosas, más profundas.

Pues el Maestro Dogen, en el Fukanzazengi, decía: el zazen consiste en estudiarse a sí-mismo, estudiar que somos lo que somos, y para estudiarse a sí-mismo profundamente, es necesario primero olvidarse de sí-mismo. Efectivamente, en nuestra vida ordinaria estamos siempre enganchándonos a una realidad ya conocida. En Montpellier es necesario estar atentos para no pisar la caca de perro, por ejemplo, debemos siempre observar por dónde caminamos, prestar atención a que no nos pise un coche. Obviamente, siempre sabemos quiénes somos, debemos acordarnos si tenemos dinero suficiente para hacer las compras, qué hora es, ¿tengo una cita? ¿qué debo hacer ahora? Debemos siempre hacer el inventario, de hecho, en nuestra vida cotidiana, de la realidad.

Durante zazen, entramos en el dojo, en un mundo, en un espacio-tiempo donde las reglas son diferentes, es muy importante. Debemos dejar nuestro bolso en el vestuario, nuestro móvil, nuestro documento de identidad, nuestra agenda, todo eso lo debemos olvidar durante el tiempo del zazen para descubrir otro aspecto de nosotros mismos mucho más profundo.

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