Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Domingo 19 de Noviembre de 2006

Somos la integridad de lo que nos constituye, tanto físicamente como a nivel de la conciencia. Pues soy la conciencia que tengo de mí mismo, soy la conciencia que tengo de mi cuerpo, la conciencia que tengo de mi conciencia misma, soy esta piel, esta carne, estos músculos, estos huesos, esta médula, soy estos sistemas que constituyen mi cuerpo, soy estas células, soy este ADN, soy estos átomos, y soy ku.

Se piensa que para elevarse en conciencia y en dimensión, es necesario elevarse, ir alto, más grande, alto en el cielo, más lejos. Lo más grande, lo más lejos posible, es la visión objetiva de las cosas; pero la visión subjetiva, es decir, la mirada de sí mismo, va hacia lo infinitamente pequeño. Es la misma cosa, pero es subjetivo, es lo que se es realmente, la mirada interior, no la mirada exterior.

Digo esto, es importante durante zazen, porque el zazen depende de su conciencia. Está claro que no es una gimnasia, aunque la postura es muy importante. Pues pueden hacer un zazen de carne y músculos pero pueden también hacer un zazen espiritual, pueden hacer un zazen celular, pueden hacer un zazen atómico, pueden hacer un zazen que regresa completamente al origen, al espíritu original, a dios, a buda, al punto cero, eso depende de su conciencia.

Lo que solidifica la materia y la realidad, es nuestro pensamiento. Es por esta razón, que se nos anima, cuando se es principiante, a concentrarse directamente en los puntos de la postura dejando de seguir sus pensamientos, sus debates interiores. Es seguro que si se sientan, cierran los ojos y comienzan a discutir, repetir el pasado, recordarse, o pensar que van a hacer más tarde, pasarán por al lado de la experiencia directa de zazen.

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