Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Lunes 12 de Marzo de 2007

¿Qué es lo que nos libera de los límites de nuestro cuerpo y de nuestro espíritu, de nuestro karma? Ya el hecho de tomar una postura que jamás se tomó aparte de en el dojo, en nuestra vida, que va a efectuarse con nuestro propio cuerpo, ya esto es desconcertante y nos hace experimentar de una manera desconocida hasta ahora.

Evidentemente van a decirme: "es sobre todo las piernas, tenemos mucho miedo de que duela, la postura es difícil, los hombros, la espalda y a menudo esperamos que termine con impaciencia". Lo que el Buda nos propone y la dirección en la cual nos guía en sus explicaciones... ¿qué es el ego? Decimos: "hay que abandonar el ego, pero ¿qué es el ego? El ego es: cómo nos percibimos, cómo nos sentimos, cómo reaccionamos, cómo pensamos, cómo somos, nuestra historia, también eventualmente nuestro reflejo en el espejo, y, pues, a este ego, nos identificamos, estamos seguros que lo somos. Entonces si el ego nunca tiene dolor, esto nos da miedo: ¿acaso voy a soportar este dolor que es mío, que me es? ¿Acaso voy a soportar la enfermedad, la vejez, la muerte?

Entonces el Buda nos señala, nos dice: "hace falta que usted reencuentre este ego eterno que es de hecho su naturaleza verdadera", es decir, dice que este ego eterno es nuestro ego verdadero, más allá hasta de los objetos. Lo que Buda llama objetos es la realidad. En el Suramgama sutra, el Buda dice que considera el cuerpo, nuestro cuerpo, como un objeto, como que forma parte de los objetos, como el primero de los objetos. Pues intenta encontrarle una definición a nuestro ser eterno, como dicen en el budismo: "no-nacido".

El sexto patriarca le decía al Maestro Yoka Daichi: "¿por qué no ve los acontecimientos desde el punto de vista del no-nacido?", porque Yoka Daichi le decía: "¡no tengo tiempo que perder! el tiempo es precioso, debo irme", y pues el sexto patriarca le dijo: "¿por qué usted no mira las cosas a partir del no-nacido, a partir de su naturaleza eterna, a partir del verdadero ego?"

En esto consiste el zazen, esta naturaleza verdadera, este no-nacido; sí, sí, hay que acostumbrarse a reencontrarlo, reencontrar esta sonrisa, este no-miedo, esta confianza, y luego, esta compasión, con relación a los objetos de los que nuestro cuerpo forma parte; esta compasión, esta posibilidad también de curarse, de ayudar. Esto es el zazen, no es contemplarse como víctima en absoluto, no es tampoco buscar el satori, ni buscar lo que sea, porque es siempre la víctima quien busca, busca una solución, busca un milagro.

Resumidamente, una persona me dijo: "somos un grupo que practicamos zen, pero practicamos sobre sillas porque la postura nos resulta demasiado incómoda, el dolor que genera nos desconcentra, nos molesta en nuestra concentración, no podemos meditar más." Traté de explicarles: "a quien usted quiere preservar en su meditación es a la víctima entonces eso no es el zazen." El tipo se enojó: "¡cómo es eso!
¡Usted es un engreído! Ustedes se creen maestros, el zen, el kesa, la postura, donde hace falta que las manos estén a tantos centímetros, es todo formalismo, etc." no comprendía en absoluto lo que quería decirle.

Pues lo que es contradictorio, es que se dice que hay que abandonar el ego. Sí, pero si te sientas en una silla para que no te duela y vas a hacer zazen con tu ego sobre la silla no llegarás a nada, ya que el ego, hay que abandonarlo para encontrar la verdadera naturaleza.

Pero en realidad el ego no existe, es lo que nos salva, el ego tiene que crear, ya que es como los objetos, y a partir de nuestra verdadera naturaleza eterna, podemos crear un bello ego, una bella entidad. El ego es indispensable para existir en la vida, pero el ego debe ser creado a partir del Buda, a partir de zazen. No debemos ser a la imagen del pasado, sino con una imagen nueva y fresca, cada día.

Para hacer una metáfora un poco vulgar: el ego es semejante a su coche, hay gente que se identifica completamente con su coche; si lo rayaran o abollaran, estarían dispuestos a matarlos. Pero su coche, no son ellos. Aunque les gusta, aunque se identifican con el, un buen día, va a ser demasiado viejo, van a tener que cambiarlo. Si encuentran la verdadera riqueza interior, pueden comprarse un coche nuevo, como los de sus sueños.

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