Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Sábado 17 de Abril de 2010


Acabo de darme cuenta de algo primordial en relación con la postura. Mi madre es especialista en este tema, cuando enseña la postura a los principiantes siempre les dice: "aflojen bien, aflojen, aflojen los hombros”.



El Maestro Deshimaru nos había enseñado más bien: "extiendan su altura, estiren la nuca, estiren la columna". Lo recuerdo. Es una discusión que tengo con mi tío desde hace casi 45 años. Después de la muerte de Sensei, mi tío me habló, me dijo: "sabes, no estoy de acuerdo con el zen del Maestro Deshimaru, es demasiado  yang. Existe un zen más yin."



Entonces me mostró la foto de un monje que tenía una postura nula, con el mentón hacia adelante, la mitad de la postura deformada. Me dice: "hay rumores de que hay un modo yin de practicar, sin bascular la pelvis". Entonces encorvaban la espalda en el otro sentido, con la espalda redonda. Es allí donde nos dábamos cuenta hasta qué punto éramos principiantes y hasta dónde el nivel al que se aprehendía el zen era de una ignorancia espantosa.



Bueno, yo permanecí fiel al método de Deshimaru. Y luego con el tiempo, mucho tiempo, comencé a descubrir el descanso, la importancia del descanso. Más bien, más me doy cuenta de la importancia primordial de soltar. Por otra parte, es una expresión que se emplea mucho. El método Deshimaru consiste pues en  estirar la nuca, estirar la columna, los riñones. Verdaderamente dar todas nuestras fuerzas para tensarse como un arco hasta soltar la flecha, la famosa expresión 'soltar la presa'. Entonces si se viene al dojo y se sientan con la mitad de la postura deformada, no van a soltar demasiado. Cuando se dice soltar, aflojar, no quiere decir deformarse. Y ahora sé lo que esto quiere decir. No es fácil de explicar.



Tenemos poder sobre todo lo que constituye lo que somos. Sobre nuestros músculos, por supuesto, pero igualmente sobre nuestros nervios y hasta sobre nuestros átomos, nuestras partículas. No son cosas que estén separadas de nosotros, aunque esto se exprese en lo microscópico, o en lo nanoscópio.



A menudo lo expliqué; en el universo, hay frecuencias y partículas. Las frecuencias, son ondas y las partículas son la materia. La onda y la partícula no son dos cosas separadas. Son dos expresiones de la misma cosa, las partículas, los átomos son como “shiki”, y las ondas, las frecuencias son como “ku”. Esto ha sido probado científicamente por experiencias muy conocidas, la experiencia de las hendiduras de Young y más tarde la experiencia de Wheeler.  La observación hecha por nosotros, que somos conciencias vivas, la observación de una onda por una conciencia viva transforma a esta última en partícula, la hace particular, es decir, se materializa. Es el caso de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo es particular. Lo observamos y lo vemos sólido, de una cierta manera.



Entonces cuando decimos "aflojar",  no quiere decir deformarse, hacer un relajamiento, hacer la “new age”. Aflojarse es el poder que tenemos y que aprendemos a desarrollar en za zen, de aflojar la partícula y de darle su libertad ondulatoria de potencialidad infinita. Y esto sucede en el cuerpo. Eso es "aflojarlo". Hace ya mucho tiempo que lo sentía. Mi madre dice todo el tiempo: " les enseño a aflojar el plexo solar". Por supuesto, pero esto no es un relajamiento aunque se parece.



Me doy cuenta también de una cosa y es importante que lo diga. El zazen que enseño, casi diría que está muy alejado del que se practica en el AZI. Es mucho más evolucionado. Estoy seguro de ello. Evidentemente, doy las enseñanzas de base, pero bueno es por esto que tengo problemas, estoy un poco demasiado anticipado a mi tiempo. A veces nos sentimos un poco únicos. Es por esto que la gente no acude a la práctica porque no está en sus preocupaciones actuales. El zazen tal como lo enseñábamos hace veinticinco años, ya no le interesa más a la gente de hoy, está un poco pasado de moda. Era el zen shiatsu, zen caligrafía, zazen arte marciales, zazen ceremonia del té. Funcionaba a causa de todo esto. No hay que engañarse. Digamos que lo que le interesa a la gente ahora es en parte la pasta, que ciertamente no implica quedarse inmóvil, y encima no hacer nada durante una hora.



Pero yo practico un zazen que habla del futuro, el zazen de los dioses, el zazen de los Budas. Entonces la gente de la AZI no entiende ni jota de lo que digo. Cuando se liberan las partículas, es decir cuando se desmaterializan, es esto lo que sucede realmente, créanlo o no, la postura se incorpora, se pone en su máximo de potencial naturalmente. Este zazen es el rey del Samâdhi, verdaderamente es la condición divina más fabulosa.



 Es divertido porque si le digo a alguien: "andá, aflojá tus partículas, desmaterializalas", va a decirme: " pero esto no va, estás chiflado, no es posible. Nadie sabe hacer esto." Y nos damos cuenta que supimos hacerlo siempre pero no sabíamos lo que hacíamos. Es algo que nos es íntimo, que conocemos muy bien pero no sabíamos que lo conocíamos porque percibíamos la realidad a un nivel demasiado superficial, distraídos por todas nuestras preocupaciones y por todas nuestras certezas.



 No hay que volver a bajar el zen al nivel de la nulidad social. El boddhisattva no es esto. Hay que, al contrario, elevar las cosas que nos parecen ordinarias desde hace tiempo a un nivel más sublime. No hay que decir que porque todo el mundo tiene gripe entonces yo tengo gripe también, que porque todo el mundo se deprime entonces yo me deprimo también, que porque todo el mundo tiene la menopausia, entonces yo también tengo la menopausia. No es esto el boddhisattva. Es más bien comprender y elevar todos estos fenómenos, que son de hecho cada uno grandes revelaciones. Cada acontecimiento de nuestra vida es una gran revelación, una gran enseñanza. Y cuando digo "aflojen", no quiero decir "vayan y relájense". Significa más bien algo mucho más profundo, mucho más excepcional.



Los que conocen el zazen estarán en la primera fila de la emancipación futura de la humanidad.



Es por esto que hacer un zazen un poco más largo, tener un poco de dolor, pero no sintiéndose hundido por nuestros propios límites pero sobrepasándolos, resueltamente, fácilmente, hasta no dudar que uno va a superarlos. Cuando se siente dolor en zazen, lo que es normal -Sensei lo decía por otra parte- hay que volver a nuestra intimidad, volvernos íntimos con este dolor, con esta dificultad. Mirarlo bien porque es la expresión de nuestro cuerpo, de nuestras células, de nuestros átomos también y todo esto no lo sabemos. Esto es volverse íntimo. Hay que aflojar esto. Aflojar las partículas y en un momento, durante un instante, liberamos una onda. Descubrimos entonces que existimos más allá de nosotros mismos. Y cuando volvemos a nuestra materialidad, a nuestra particularidad, algo en nosotros se acuerda que se existe más allá de esta particularidad. Es lo que se llama la raíz en relación con las ramas. Nuestra existencia verdadera es la raíz, no las ramas.



Dogen mismo lo decía: "estudiar el zazen, es estudiarse a sí mismo. Estudiarse a sí mismo, es olvidarse de sí mismo"



¿Qué quiere decir "olvidarse de sí mismo"?



Esto quiere decir soltar sus partículas, olvidarse de sus partículas. Cuando se olvidan las partículas, cuando el observador ya no observa más, las partículas desaparecen, vuelven a ser frecuencias. Aparecen como partículas solo bajo el efecto de la observación. Entonces estudiarse a sí mismo, es olvidarse de sí mismo y así estudiamos quién verdaderamente somos, lo que verdaderamente somos.



El resto es un coñazo. Es un coñazo pero a la gente le agrada: ¡ikebana! ¡shiatsu! ¡artes marciales! ¡té! ¡aikido! ¡Japón! ceremonias, kaikyoshis; las ramas.



Kosen.





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