Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Sábado 16 de Octubre de 2010


Voy contarles una historia.



Una historia que podría parecerse a un génesis; el génesis de la escuela de la sabiduría antigua. Al principio no había nada. Una extensa nada sin límite, de espacio sin límite, sin principio, infinito, sin altura, sin profundidad, sin costados, sin norte, sin sur, sin este, sin oeste, sin el zenit, sin el nadir. Una vasta nada ilimitada. En inglés: nothing. No-thing, esto es “ninguna cosa”, no había cosas, ningún fenómeno, ni siquiera ningún átomo, niguna partícula, solamente el espacio silencioso e inconsciente, pero con  todas las cosa en potencia…



Y luego un día, esta extensa, vasta, infinita nada se contempló a sí misma. Toda evolución nace siempre de la contemplación. El zazen es la contemplación. Pues esta misma extensa nada infinita, silenciosa, inconsciente, se contempló a sí misma y así engendró su propia singularidad, esta famosa singularidad gravitacional de la que hablan los físicos. En el momento en el que el vacío se contempló apareció esta singularidad, es decir un tipo de conciencia, de identidad, de ego divino. La primera conciencia de algo.



Era maravilloso porque esta conciencia de algo era un "potencial de vida". Entonces tenía el impulso de vivir, de explorar, de encontrar, de crear. El deseo de vivir, cada uno sabe lo que es. De hecho, un deseo de abrazar. Y la contemplación misma es un abrazo, za zen, es un abrazo. Entonces esta singularidad quiso irse, explorar... se marchó, o corrió, o voló, como ustedes quieran, a una distancia inimaginable, a una velocidad inimaginable. Cuando llegó, se dio cuenta que no se había movido. Había estado siempre en el centro de su emanación ya que no había ningún límite. Entonces voló hacia arriba, hacia la izquierda, hacia la derecha, abajo, arriba a una velocidad inimaginable, a una distancia inimaginable. Cuando llegó, se dio cuenta que no se había movido. Había estado siempre en el centro de su emanación ya que no había ningún límite. Entonces voló hacia arriba, hacia la izquierda, hacia la derecha, abajo, arriba a una velocidad inimaginable, a una distancia inimaginable. Estaba siempre en el centro de todas las cosas. Enojada, la singularidad, ya cansada de su infinidad permaneció inmóvil, por mucho tiempo, mucho tiempo, por un tiempo infinito… qué aburrimiento. Pero en un momento dado, como si un momento pudiera existir en esta infinidad, sin duda a fuerza de su inmovilidad, esta singularidad, este mismo ego divino se contempló una vez más. Haciendo esto, el tiempo y el espacio aparecieron. Es decir un reflejo de él mismo apareció. Es como cuando nos miramos en un espejo, vemos un reflejo de nosotros mismos. El tiempo y el espacio aparecen entre nosotros y este reflejo que se puede ver y conocer. Así la distancia entre nuestro ego divino y el reflejo que se contempla representa una distancia, un espacio, y un tiempo. El tiempo de ver, de darse cuenta y que esta conciencia nos vuelve reflejada a la velocidad de la luz.



Hay en efecto, una conciencia primaria (la del principio) y una conciencia secundaria que es el reflejo de la singularidad (su conciencia de ella misma) y entre las dos aparecieron el tiempo y el espacio. Ahora, esta conciencia secundaria, este reflejo puede viajar, soñar, en el tiempo y en el espacio y compartir sus sueños con la conciencia primaria que los hace reales, ya que es desde siempre creadora de toda cosa.



Es muy importante comprender esto. Así, gracias a este reflejo hecho a su imagen, la conciencia primaria puede viajar cada vez más lejos, descubrir, soñar, crear cada vez más, incluso la materia, pero se aleja tanto que pierde el mismo rastro de su origen, se encuentra sola, perdida en un mundo hostil, brutal y pesado. Olvidó todo de su origen… Entonces se pregunta, "¿Acaso debo creer en dios? ¿Acaso Dios existe?". Olvidó su origen. El zazen es la vuelta a esta conexión con nuestra conciencia primaria, es decir con la conciencia de Dios, la conciencia del todo original, de nuestro origen. Y en el Hokyo zanmaï (el sûtra del tesoro del espejo de la perfección) que es un texto muy antiguo del zen chino hay una frase que siempre adoré y cuanto más progreso, más comprendo su sentido, dice: “es como contemplarse en un espejo. El reflejo en el espejo, es usted pero el reflejo no es usted.” Pues, mucha gente piensa que es el reflejo, que es su ego, que la realidad es el reflejo. Olvidaron de donde vienen verdaderamente...



El reflejo, eres tú pero tú no eres el reflejo. Estás simplemente perdido, olvidaste quién verdaderamente eres. Por esta razón, zazen, quedarnos inmóvil, es muy importante, porque el reflejo es como el ego, tiene un ritmo que no es natural. El reflejo siempre está persiguiendo algo, o evitando algo. Siempre está moviéndose a la derecha, a la izquierda, reaccionando. Mientras que el movimiento original jamás está en oposición, no crea tensión. Todos los movimientos del ego crean tensiones porque está siempre persiguiendo o huyendo, siempre ambos extremos. Incluso durante zazen, la gente continúa corriendo detrás de algo o escapándose. El reflejo debe parar todo movimiento, toda acción. Debe ponerse en la misma frecuencia que su origen. En este momento, el origen, en la misma frecuencia que su reflejo le dice: “pero si no estás perdido, jamás has estado perdido. Siempre fuiste mi reflejo. Soy mi ritmo, soy mi movimiento, soy el ritmo del cosmos entero, de todo lo que creaste desde hace una infinidad, desde el big bang, y todo va a estar bien.”



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