Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Sábado 26 de Julio de 2003

Si algún día conocen el verdadero zen, si tienen el mérito, la suerte de llegar hasta Do, Butsu Do. El Maeestro Dogen decía: "Detesto a los que dicen ser de la secta Zen. No me gusta la secta Zen. El Zen no es una secta."

Decía "No hay que llamarlo Zen, hay que llamarlo Butsu Do."

Do, en chino Tao, de muy difícil traducción al francés. Hay palabras que no se traducen, que son universales como Tao, Do en japonés.

Se ha traducido la palabra Tao, Do como vía. Entonces uno se imagina enseguida un camino, una ruta, una autopista, una ferrocarril para salir de un punto y llegar a algún lugar. Esa es, evidentemente la visión según nuestro nivel.

Ah! No hay meta, hay que ser mushotoku! Pero eso no quiere decir nada. Ya ustedes han visto una vía de ferrocarril que no tiene fin. Pero seguro que vamos a alguna parte.

Por lo tanto, traducción "vía" es muy aproximada. Yo traduzco Tao como anillo. Sensei hablaba de Do Kan, el anillo de la vía, el anillo de Tao. Un anillo es redondo. No tiene comienzo, no tiene fin. En el Tao es igual, el Tao es nosotros, es nuestro cuerpo, nuestro cuerpo espíritu o nuestro espíritu cuerpo. Cuando ustedes tienen la suerte de encontrar este Tao, es decir a ustedes mismos en zazen, en total quietud, sin pensamientos, sin otra preocupación que respirar, observar esta maravillosa circulación espontánea, dinámica de la energía divina que asciende a lo largo de la columna vertebral y que desciende hasta el tercer ojo, que inunda los pulmones, que desciende libremente hacia el ombligo. No es una gimnasia, es libre, es espontáneo. Ustedes mismos descubren como es. Eso es Tao. Cada respiración, cada aliento -decimos aliento porque quiere decir chi, ki, la energía- cada aliento es la plegaria, el sutra más absoluto. Cada vez que toman conciencia del aliento espontáneo durante zazen, ustedes expresan la más perfecta de las plegarias. Sin palabras, sin intención, sin "¡Oh Dios mio, por favor, que desgraciado soy!" Es Dios mismo quien vive a través de ustedes. ¿Qué mayor satisfacción van a darle?

Regreso entonces a la primera frase que no consigo terminar. Si ustedes descubren el verdadero zazen -no es tan difícil descubrir el verdadero zazen- no habrá nada en este mundo que anhelen obtener para ustedes. Ya no tienen ningún anhelo, ningún deseo personal. Por lo tanto, el no deseo no es una cuestión de esfuerzo. El no deseo es como los niños que han jugado mucho y dicen: "Aj! Ya no tengo ganas."

Desde el momento en que ya no haya nada que les preocupe en este planeta tierra, estarán entonces más atentos, más disponibles a los demás, a Dios, porque los otros, que carajo, los otros son Dios, es decir la expresión del espíritu. Es eso lo que nos preocupa: la expresión del espíritu, la inteligencia despierta en cada uno. No el ego de las personas. De modo que pueden disponerse a hacer algo positivo. Ya no son desgraciados, ya no tienen miedo.

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