Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Domingo 15 de Junio de 2003

Yo veo la enseñanza de Buda en tres aspectos que son: uno, el karma, la moral fundamental; dos, la meditación, el zazen, el misterio de esta postura; y tres, ayudar a los demás, el bodhisattva. Cuando se trata de la moral fundamental, del karma, quiere decir que la mayoría de los seres humanos están torcidos. Son herederos de un mal karma que les hace sufrir y que hace sufrir a su descendencia, a sus vecinos y a todo el mundo alrededor. Por ende, sería normal intentar enderezar, como decía el Maestro Deshimaru, la montaña, reparar los daños, pagar las deudas; esa es una de las actitudes fundamentales en el budismo, cortar el karma.

Entonces, cuando eres joven, cuando se revela en nosotros la duda acerca de este mundo: "Que vine a hacer aquí?", pregunta clásica, uno se dice: "Voy a buscar algo, voy a intentar mejorar mi vida, pero cómo hacerlo?" El "como" es importante. Yo me encontré, por azar, con un patriarca zen. El dijo: "Hagan zazen. Dirección simple, sin complicaciones. Hacemos zazen." "En que consiste zazen, Sensei, por favor?". Despojarse del cuerpo y el espíritu, ciertamente, pués este cuerpo y este espíritu están torcidos, cada cual a su manera. Despojarse del cuerpo y el espíritu. De que estamos hechos, de que está hecho nuestro ego? De un cuerpo y un espíritu. Eso significa, por lo tanto, la desaparición de nuestra existencia personal. Tal es, en realidad, el aprendizaje de zazen. Shin Jin Datsu Raku.

Entonces uno reflexiona. Uno se dice: "Cuál es en verdad mi utilidad en esta tierra? Cuál es la utilidad, para mi mismo también, de estar sobre la tierra, comer, mirar la televisión, escuchar las noticias, embriagarse, trabajar para un patron, amar?" El monje se dice: "Para mi no, no hay nada para mí, no hay ninguna utilidad, ya estoy más allá, mucho más allá de los placeres e incluso de los sufrimientos de este mundo, puedo desaparecer, mi nombre puede borrarse, mi cuerpo reducirse a cenizas, desaparecer para la eternidad."

Pero la tercera escotilla: los otros, el bodhisattva. En el zen, uno aprende a no botar. Siempre es posible, pero uno puede reciclar. Por ejemplo, los alimentos, a lo más se la damos a los animales o a los pájaros. Con nuestra vida es lo mismo, incluso si hemos llegado al límite de lo que podíamos hacer, de lo que teníamos que hacer con nuestro cuerpo-espíritu, para uno mismo, todavía hay restos, no hemos devorado todo, luego eso ha de servir para los demás. Entonces nuestra existencia se hace provechosa para los otros como un trozo de pan que no pudimos comer y que echamos a los pájaros. Todo la vida hemos buscado afirmar, realizar, desarrollar, enriquecer el propio ser, el nombre, la personalidad, el cuerpo. Desarrollo de la personalidad, afirmación de la personalidad, y no hemos recibido más que sufrimientos y hemos hecho sufrir a los demás. Alegrías de corta duración que siempre engendraron sufrimientos. Y hoy pensamos que la utilidad de la propia persona, del ego, la vida es amar, ayudar, confortar a los demás, o pensamos que que nuestra realización, nuestro bienestar personal no tiene ningún interés, ninguna importancia, somos felices, tranquilos, estamos realizados, somos bellos. Ah! Es curioso.



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