Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Sábado 12 de Julio de 2003

Los inmortales sabios taoístas consideraban nuestra postura de zazen, nuestro cuerpo en la postura de zazen como un templo. Consideraban que cada órgano de este templo, corazón, bazo, estómago, pulmón, intestino delgado, intestino grueso, riñón, vesícula biliar, todos nuestros órganos son la emanación de un dios. Cada órgano es la emanación de un dios. Eso va mucho más lejos. Cada músculo, cada tendón es la emanación de un dios, está representado por un dios. Si ustedes no invocan ese dios, entonces esa parte del cuerpo, ese órgano es dejado al abandono y entregado a la vejez, a la enfermedad y la muerte. Por lo tanto, cuando hacemos zazen es como si entraramos en ese templo. Entonces descubrimos sitios abandonados durante una eternidad, llenos de telarañas, oscuros y volvemos a darles vida, los iluminamos, encendemos una vela, los limpiamos e invocamos la conciencia espiritual que les corresponde. Entonces todos esos dioses que existen en el interior de nuestro propio templo se ponen a nuestro servicio, nos ofrecen todo lo que podamos desear. Tal es la visión de los antiguos inmortales taoístas que podían vivir trescientos, quinientos, mil años, eternamente. Desde luego, es una imagen, una metáfora, un símbolo. Cuando uno puede sentarse en esta postura de Buda, en esta postura de zazen, uno está aterrado porque se dice: "Como duele, no voy a llegar al final. Dios mio, esto va a durar media hora! Es que voy a poder aguantar media hora?"

Es verdad que el templo había estado abandonado durante un tiempo que no podemos medir.



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