Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Domingo 11 de Diciembre de 2011


Continúo el Shin Jin Mei, el poema de la fe en el espíritu. De hecho en chino y en japonés, la palabra corazón y espíritu, es la misma cosa. En la actualidad se habla mucho de amor, el corazón, peace and love, etc... Pero confunden la emoción amorosa con la apertura verdadera del corazón. El corazón como lazo, espiritual e inteligente, por fin despierto, el que interconecta toda cosa. Eso es el corazón, el espíritu.

Pues en el dojo, la esencia de la enseñanza de los Budas, es la enseñanza del espíritu. El mundo del espíritu. El espacio del espíritu. ¿Cómo abrir, cómo penetrar el espacio del espíritu o del corazón? Y el zazen, es esto. Pues decía antes que el Shin Jin Mei fue el primer texto Zen chino, escrito por el tercer Patriarca Sosan. Y pues antes que él, hubo una transmisión de Bodhidharma, el famoso Bodhidharma, a su discípulo Eka, que se había cortado el brazo para ser aceptado como discípulo. Y la esencia de la enseñanza transmitida de Bodhidharma a Eka fue básicamente "Querer obtener, aunque esto sea imposible". Pues en el espacio del corazón, en el espacio del espíritu, querer obtener aunque esto sea imposible. Voy a explicarles por qué....

Es lo que inspiró una parte de la primera frase del Shin Jin Mei. Luego, la transmisión de Eka a Sosan, del segundo al tercer Patriarca, fue básicamente "Rechazar, aunque sea imposible". Es muy interesante, pues como la primera frase del Shin Jin Mei que es: " en el Zen, -pero podríamos decir en el corazón o en el espíritu… o, no sé cómo traducirlo, querría traducirlo más inteligentemente)... la función en el corazón o en el espíritu, la función de tomar o de rechazar es inútil. No existe".

Hay muchos, muchos errores. Porque por ejemplo, la traducción que tengo en este libro es la siguiente... "En el Zen, hace falta -no hace falta- en el Zen -no hace falta-  querer tomar ni rechazar". Entonces ya tenemos un dogma.

“En el zen…” Entonces “en el Zen” pero no sabemos dónde, si es en el samu, en el baño, alguien que hace Zen durante toda su vida?... ¿Qué quiere decir “en el zen”?... Entonces podemos pensar que la actitud normal de una persona que practica el Zen, es de no querer tomar, ni rechazar. ¡Entonces es estúpido!

Porque la vida está hecha de tomar y rechazar. La vida social. Si uno come más, uno va más al baño. Uno respira más, entonces se inspira más y se expira más. Se puede escuchar más, hablar más. Si no se tiene opinión, no se toma más posición, entonces se deja que todas las cosas sucedan a su alrededor, como una verdura.

Entonces, si no se toma esta comprensión en su contexto y que parte de una enseñanza vinculada a la práctica del verdadera zazen, entonces creamos una ilusión o un dogma, inútil, que no va a ser positivo en la vida pues.

Pero, cuando se hace zazen…. entonces después lo voy a explicar…. el mundo, cuando se penetra el mundo del zazen… la gente llega aquí, y no conocen nada del mundo del zazen. Les decimos deje su bolso, deje su asuntos en el vestuario, quítese los zapatos, pase la viga con el pie izquierdo,  haga de esta manera, siéntese, salude y ahora le enseñaremos a volver al mundo del espíritu, al mundo del corazón. No vale la pena la pena esforzarse en tener un sentimiento de amor, el mundo del corazón es el corazón universal. El que efectivamente nos une, enlaza toda cosa unas con otras, hace pensar en un sentimiento de amor universal.

Y entonces para volver a este mundo, vamos mostrarle la postura física: cruzamos las piernas, nos sentamos en un almohadón, basculamos la pelvis, respiramos despacio, relajamos los hombros, tatata, tatata, y luego, después, cuando hayan encontrado la postura, respiran, despacio, con calma… la espiración más larga que la inspiración, al fin de la espiración, dejamos la inspiración hacerse automáticamente, etc... Y luego, Ah... No traten de rechazar, ni de tomar.

Entonces la primera vez cuando estamos sentados en zazen, vamos a pensar que es una técnica que tiene relación con el pensamiento, porque de hecho, no estamos siempre conscientes de nuestros pensamientos, cuando estamos muy ocupados, a veces ni se presta atención, a veces hay una mosca en la habitación donde se trabaja, y no la vemos porque estamos ocupados trabajando. Pero si paramos, que nos sentamos en zazen, nos ponemos en silencio, entonces vamos a ser conscientes de todo, de cada fenómeno. Y la mosca que aún no habíamos percibido va a tomar una importancia capital. Y, automáticamente, vamos a ver venir nuestros pensamientos. Vamos a decir " ¡es tonto pensar esto durante el zazen! " Entonces vamos a tratar de rechazarlos " Bueno, paro, paro, no vine para pensar en lo que tengo que cocinar esta noche, voy a pensar después en eso". Pero vuelve, lo rechazamos, pero no, vuelve. Entonces, no rechazar.  Y luego, de repente, nos decimos " Bien, dejé de pensar en eso!.. en la comida. Dejé de pensar en eso. Pero igualmente, ¿qué voy a cocinar esta noche? Por lo tanto no rechazar, pero tampoco perseguir. Pues es la primera regla para volver al mundo del corazón.

El Maestro Keizan había compuesto un poema en relación al tercer Patriarca en cuestión, Sosan, que decía "la esencia del cosmos, del vacío, no tiene noción de interior, ni noción exterior. El crimen y la felicidad no dejan ningún rastro"

Entonces el crimen y la felicidad, es nuestro ego. La culpabilidad que se puede tener por los errores que se cometieron, la cara de desesperación… de nosotros, eventualmente de nuestra genética imperfecta, de nuestro karma, de nuestra familia defectuosa, de las oportunidades que perdimos, de nuestras angustias, y luego al mismo tiempo nuestro narcisismo, nuestras victorias, nuestro orgullo, todo lo que hicimos bien. Hablamos de esto normalmente cuando nos vamos, cuando cruzamos la puerta de la muerte, nuestras malas acciones son puestas en un extremo de la balanza, y en el otro ponemos la pluma... y ambas bandejas deberían quedar en equilibrio.

Pero cuando hacemos zazen, descubrimos que tenemos una personalidad mucho más profunda y mucho más importante… divina. Como una piedra. En los salmos se habla de piedra. Y... esta personalidad, esta naturaleza divina... desde esta naturaleza divina, el crimen y la felicidad, es decir nuestro ego, no dejan ningún rastro. Por el zazen, volvemos a nuestra naturaleza. Y este descubrimiento va a cambiar muchas cosas en nuestras vidas.

 



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