Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Sábado 19 de Julio de 2003

Sensei nos contaba que el Maestro Kodo Sawaki había comentado más de una vez el Shodoka. Fuera el Maestro Kodo Sawaki, fuera el Maestro Deshimaru, el Shodoka era en verdad un poema íntimo para ellos. Formaba parte de la familia. Era su poema preferido. Yo vi al Maestro Deshimaru, al celebrar ceremonias funerarias por japoneses -con frecuencia íbamos a efectuar ceremonias funerarias, cremaciones por japoneses que vivían en Francia, en Paris- asistíamos al Maestro Deshimaru en estas ceremonias y con frecuencia el cantaba el Shodoka. Así que una vez comenté el Shodoka. Eso duró aproximadamente cuatro o cinco años, era solamente en el dojo, siguiendo los comentarios del Maestro Kodo Sawaki y también del Maestro Deshimaru. Llegué al final de este Shodoka hace algunos meses y me dije: "Voy a comenzar desde el principio pero haciendo mis propios comentarios. Arriba!" Así que leí la primera frase que es de extrema importancia en este poema:

"Amigo, no ves a este hombre tranquilo que ha alcanzado el despertar y que ha dejado de estudiar y de actuar. No rechaza las ilusiones, no busca la verdad."
Y bien! Primera frase. Stephane, haz tus comentarios!

Entonces quedé paralizado al decirme: "Pero yo no siento las cosas de esa manera. No puedo comentar esta frase." Hace ya varios meses que me digo que hasta que no haya comprendido esta frase, no puedo comenzar con el Shodoka.

Qué es lo que me chocaba en esta frase? Yo tengo tantos deseos de estudiar y de aprender, tengo la impresión de que esta vida no será suficiente para estudiar siquiera una centésima de todo lo que me apasiona. Así que no comprendo. Y cuando hablo de estudiar, se trata claramente de estudiar en el campo de zazen, de la vía, de la postura, de la respiración, del estado de espíritu, la energía, la naturaleza del cuerpo, del espíritu. Así que no estoy de acuerdo con esta frase que podría hacer pensar que en un momento determinado de zazen lo sabemos todo, hemos alcanzado un objetivo. Uno se ha convertido en el hombre que alcanzó el satori, que recibió el shiho, que tiene un diploma, que ya no tiene necesidad de estudiar. No puede ser eso, esa no es la imagen de la realización del Zen. Así que, reflexionando un poco más, he comprendido en cual estado de espíritu el Maestro Yoka Daichi escribió esta frase. El dejó de estudiar, dejó de rechazar las ilusiones para perseguir la verdad. El abandonó el estudio humano, el estudio ordinario, el estudio intelectual. Abandonó el estudio en el cual uno lucha con zazen, en el que ya no se practica el esfuerzo humano, la tensión, la competencia, la comparación. Desde luego, al principio estamos obligados a estudiar así porque no sabemos hacerlo de otra forma. No sabemos pensar de otra manera. No sabemos. Una vez intentaba yo explicarle algo a mi hija, cuando era pequeña. Ella no comprendía. Perdí la paciencia y le dije: "Ah, pero eres bruta o que?" "Pero papá, para tí es fácil porque tu lo sabes pero yo no lo sé."

Entonces, hacemos zazen como seres humanos porque no sabemos hacerlo de otra forma. Una manera sola, pero es muy difícil practicar el zen a la manera humana porque el zen no fue hecho para los seres humanos; fue hecho para los budas. Sin embargo lo hacemos de buena voluntad, con todo nuestro esfuerzo. Pero, evidentemente, eso no da nada. Por cuanto tiempo un ser humano va a sostener, a continuar una práctica que no fue hecha para él. Y un día, por supuesto, va a ceder: "Basta, me cansé!" Uno deja de estudiar, de buscar, abandona los esfuerzos humanos. Tienes las pelotas llenas de buscar el satori, de repeler la ilusión. Abandonas. Es ahí que uno se convierte en un hombre del satori. No es el objetivo último, no es la meta, es el punto de partida de la vía. Es eso lo que hay que comprender. Yo no lograba enfocarlo. A partir de ahí, vas a comenzar a estudiar de verdad la vía de los budas. Buena parte de las gentes que llegan a ese estadio dejan de practicar. Dicen: "El zen, eso no sirve."

Vemos que el zen humano no conduce a nada. Pero es una verdadera lástima parar en ese momento. Cuando el zen les importa un carajo. Cuando ya escucharon todas las historias que se cuentan acerca de obtener algo, de alcanzar el satori. Y no tener que ocuparse de nada! Solo sentarse, sin meta, en calma, amistosos y receptivos a lo que Buda, ellos mismos, su propio ser les va a enseñar.


Quisiera de todos modos explicarles la diferencia entre los estudios del hombre del satori y los estudios del aprendiz de hombre del satori. La manera en la cual se estudia al principio es la siguiente: considerábamos que espíritu y materia eran dos cosas distintas. El cuerpo pesado y grosero con todos sus límites, sus deseos, separado del espíritu sútil. Ellos podían comunicarse entre si por una suerte de computadora llamada cerebro. Comunicación virtual, evidentemente. Es decir, esta computadora no es la realidad; habla de la realidad, explica la realidad, clasifica la realidad pero no es la realidad. Es virtual. De un lado el cuerpo, del otro el espíritu, en el medio el cerebro. Hoy en día, en el siglo ventiuno, conocemos la computadora, la fascinación de la computadora. Cuantas posibilidades nos brinda, y cuanto se apodera de nosotros si no se está atento. El cerebro es igual. Uno puede por entero dejarse fascinar, hipnotizar por su cerebro. El hombre del satori que dejó de estudiar, quiere decir que desconectó su computadora. Ja, que silencio! Ya no se escucha el shishishi del motor. Ya no recibimos las radiaciones de la pantalla. De golpe, cuando dejamos de utilizar el cerebro, esta separación entre cuerpo y espíritu desaparece. Nos damos cuenta de que el cuerpo mismo es el espíritu. Entonces ahí, todo el nuevo trabajo, el nuevo mundo, el nuevo universo está por descubrir, por descubrir y por estudiar. Como hacerlo?




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