Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Domingo 5 de Enero de 2003

Decimos en el zen que los preceptos son importantes. Los preceptos, es decir, las reglas. En la enseñanza del zen, por ejemplo en el capítulo Gyoji, hay una alusión a la práctica de los preceptos. Uno de los significados de Gyoji es la manera en que los grandes patriarcas han actualizado los preceptos. No nos gustan mucho los preceptos porque en general son siempre prohibiciones: no deben hacer esto, no deben hacer aquello, pone limites.

¿Por qué hemos inventado las reglas ? Al principio, no había reglas.

Con el Maestro Deshimaru, al principio, no había reglas. Todo era posible, todo estaba permitido.

Hemos inventado las reglas a causa de personas egoístas y egocéntricas que, por su egoísmo, molestaban a la comunidad. Entonces, como ellos no comprendían por ellos mismos que su actitud, su manera de actuar, era errónea, entonces el Buda ha inventado una regla para todo el mundo. «A partir de ahora, les digo para que lo entiendan bien, esto está prohibido. Deben hacer así o asá o no deben hacer esto».

Al final, cuando hay una regla, estamos tranquilos, porque la regla es el límite de la tolerancia.

Podemos señalar que los preceptos, las reglas, están casí siempre en relación con los otros, son para proteger a los otros. Si vemos los diez primeros preceptos, no matar, por ejemplo, es con relación a los otros; si estamos solos no vamos a matar. No robar, es también con relación a los otros, robar a los otros. No mentir es en nuestra relación con los otros, etc.

Una de las enfermedades humanas más graves es verdaderamente el egocentrismo, el egoísmo. Se ven las cosas desde el propio punto de vista. Se está completamente enfermo en la propia ilusión, en la arrogancia, en su propio «trip», a tal punto que pensamos que los otros no existen, que son fantasmas. Igualmente, si estuviesen solos, que sean buenos o malos no molestaría a nadie. Pero en tanto existan otras personas en la tierra, el hecho de que sean buenos o malos puede tener una incidencia en los otros; así que no se miren solamente a ustedes.

Querer ser bueno para uno mismo es totalmente egoísta. Esforzarse por ser mejor para los otros, para no lastimar a los otros, para no hacer sufrir a los otros, para no enfermar a los otros, para no poner nerviosos a los otros, para no poner a los otros en situaciones embarazosas, esforzarse por mejorarse para los otros, es el mahayana, es el verdadero precepto.

Por ejemplo, en Japón, donde estuve numerosas veces y donde la influencia del budismo está fuertemente enraizada, hay un comportamiento en la sociedad que es totalmente respetuoso hacia los otros. Especialmente en sitios como el metro, por ejemplo, la gente es extremadamente gentil. Si alguien está resfriado o tiene gripe se pone una máscara en la cara para no molestar a los otros. Todo está muy codificado, de tal modo que se exprese el máximo respeto hacia los otros y la mínima importancia para el personaje y la personalidad propios. Entonces hay que analizar un poquito la situación, en general, con mentalidad abierta.

Entonces ahora, incluso si les parece muy original caminar descalzos en pleno invierno, no taparse, no curarse, porque dicen: «a mí me importa un cuerno mi cuerpo», a nivel personal es muy original, muy interesante quizás; pero a nivel de grupo, si están enfermos seis meses al año, por ejemplo; si continuamente moquean, tosen en el dojo, eso molesta. Entonces deben taparse, cuidarse, no por ustedes mismos sino por los otros, incluso al precio de ser menos original. Es un tipo de regla que no deberíamos estar obligados a anunciar, deberían comprenderlo por sí solos. Están tan bloqueados que hay que poner reglas, porque son como los animales que no pueden caminar en la dirección correcta si no se les obliga.

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