Asociación Zen de América Latina

  Sangha del Maestro Kosen

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Dojo de Montpellier, el Miércoles 5 de Enero de 2005

Están sentados en la parte trasera de un coche que desciende a toda velocidad. No hay conductor. Rápidamente, se levantan, intentan instalarse en el asiento del conductor y tomar los comandos, comprender cómo funciona, dónde están los pedales, el volante. Hicieron esto lo más rápidamente posible y tomaron el control del vehículo.

El Zen es esto. Una vez que tomaron el control, pueden entonces abrir la ventanilla si hace demasiado calor, poner la calefacción si hace demasiado frío. Estabilizan su velocidad, su dirección. Siguen su viaje con toda seguridad. En su época, el Maestro Kodo Sawaki, en Japón, en los años treinta, contaba la misma historia pero con un caballo. Se trataba de alguien que cruzaba un pueblo galopando rápidamente. Un amigo lo llamó y le dijo: "Eh! ¿A dónde vas?" Y el muchacho respondió: "no sé, pregúntale al caballo".

Entonces, controlar, volverse maestro de su vehículo, eso ya significa concentrar su atención al interior de sí antes que observar el paisaje. Hace poco, vi una dama que se volvía para observar detrás de su espalda. Es sencillamente la dirección opuesta de la que se viene a estudiar aquí. Pues, en el dojo, en esta parte donde se practica el zazen, no debemos ocuparnos en absoluto del paisaje sino controlar nuestro vehículo. Se debe abandonar la mirada objetiva sobre las cosas, es decir no observar las cosas como objetos. Es lo que la mayoría de la gente hace, observan el mundo entero como un objeto. Incluso la tierra para ellos es un objeto, y se hace turismo, se visitan los países como objetos y las poblaciones como objetos, los otros, incluso su mujer, incluso sus niños, se convierten en objetos, incluso uno mismo para terminar se convierte en un objeto.

En el Zen, se observan las cosas de una manera subjetiva: todo está vinculado al sujeto, es decir, a la vida universal. Entonces, en la primera confrontación con el zazen, con su propio ser de carne y hueso, es normal que eso duela, cuando se reanuda el control de su vehículo. Verdaderamente nuestro cuerpo es un vehículo que nos permite viajar a través de esta vida por el momento. Y de este vehículo, hemos vivido su construcción y viviremos su destrucción, en la muerte. Nacimiento y muerte son pasajes de la materialización y de la desmaterialización que se experimentan en general por el dolor y en todos los casos por una fuerte conciencia de esta materia.

En el zazen, esta vuelta al sujeto pasa por la conciencia de la materia del cuerpo. Y esto genera inevitablemente dolor, en cierta manera. Si no tuviéramos cuerpo, si no experimentáramos las cosas en términos de dolor o placer, nos sería imposible darnos cuenta lo que hemos venido a realizar en esta vida, sobre esta tierra. Es gracias a nuestros límites materiales que se pueden realizar algunas cosas. Y verdaderamente creen conocerse, pero cuando practican zazen, se dan cuenta de que no conocen nada, o muy pocas cosas de ustedes mismos. E incluso después de 30 años, 35 años, 40 años de práctica, descubrirán aún cada día, cada mes, un nuevo conjunto de posibilidades de ustedes mismos que les eran aún desconocidas. Somos, les juro, muy comparables a nuestro planeta tierra, sobre el cual reposamos y en del cual la mayoría de los hombres no tienen ninguna idea. No tienen ninguna conciencia de lo que tienen bajo los pies.

Por ejemplo, la corteza terrestre, la parte sólida de nuestra tierra representa algo ínfimo. Son más o menos 40 km de espesor. Y bien, por debajo de estos 40 km. comienza la incandescencia, es decir todo se desolidifica, se vuelve incandescente. Cuanto más nos acercamos al centro de la tierra, más la materia desaparece, el calor se vuelve cada vez más intenso, y en el centro de la tierra hay un vacío atómico de un calor de 6.000°. Esto esta incluso más allá de nuestro concepto de calor, puesto que precisamente nuestro concepto de calor se basa en la temperatura de nuestro cuerpo que apenas sobrepasa los 40°... pero 6.000° ¡corresponde al calor que hay sobre la superficie del sol!

Bien, la profundidad de nuestra tierra es de 6.000 km. Pues al interior, en el corazón de la tierra, hay cosas que nos sobrepasan, que superan nuestra imaginación. Los antiguos alquimistas dicen que el centro de la tierra esta vacío y que nada puede descansar en su centro. A partir de la circunferencia de este centro que es aleatorio se crean los residuos, se crea la materia. Y en consecuencia, todos los objetos que nos rodean: la tele, el cenicero, el timbre de la puerta, las flores, todos estos objetos vienen del centro vacío de la tierra. Hay tantas cosas para descubrir en el interior de nosotros mismos. No solamente la corteza de nuestro ser, sino millares, millares de km. por explorar hasta llegar al centro.

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